Espacio-tiempo y paredes vintage - Rubn Pneal Blogs

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9 de diciembre del 2017

Espacio-tiempo y paredes vintage

No sé qué ha pasado, pero algo ha sucedido. Me acabo de levantar y tengo la leve sensación, un breve rallo de lucidez, una impresión. Siento a los fantasmas de aquel pasado perdido en un espacio sin tiempo. Solo han pasado por aquí, se han movido por este espacio.

Son capaces de acariciarme de una forma transparente porque mi mente es el verdadero espacio donde se dan todos los lugares y todos los espacios a la vez,

en el mismo tiempo,

en el mismo espacio.

 

Ayer no bebí y llevo tiempo sin probar una droga. Cualquiera de ellas, aunque en este momento no me importaría ser abducido por algún intenso efecto alucinógeno que me ayude a recordar y volver a recuperar la ilusión por la vida.

 

Hace tiempo que no siento nada.”

Típica frase de película de adolescentes americana que intenta dar profundidad de forma genérica al atractivo mártir y protagonista del siempre mismo film, al que nos tienen acostumbrados de forma masiva los señores de Hollywood.

¡Yo siento cosas!,

aunque últimamente solo sienta hastío, miedo y asco por la humanidad. Si, a lo H.S. Thomsomp pero sin ir ni estar en las Vegas.

Todos mis pensamientos parecen recuerdos de alguna frase célebre de película sajona-hablante pero doblada al español de una forma superficial y desentonada. Creo que los que donaron esas voces a esas series, allá por el espacio en que la gente se movió llamado los 90, ni siquiera se sabían el guion de lo que estaban doblando.

¿Se habrá apoderado la tele por fin de mis pensamientos?

Por fin, ese miedo con el que nos condenaban nuestras madres. Con el dedo índice extendido y maniobrando el codo de arriba abajo en señal de mandato moisiano. De fondo, un papel de pared con una gama cálida, no muy extensa de colores que van desde el marrón hasta el rojo oscuro. Una mezcla entre la rancia decoración de una casa victoriana de clase alta en las afueras de Londres, con el psico-vintage de la década de los 70.

Una combinación sorprendentemente reconfortante.

Al recordarla me hace sentir el calor del hogar. Al menos ahora, porque recuerdo que de pequeño no podía imaginar nada más aburrido. Claro que de niño soñaba con que los edificios fueran redondos y en forma de donuts. Quería que se dejasen de elucubrar edificios tan cuadriculados como las mentes y los huevos de los que los creaban. A medida que he ido avanzando por la vida -si ese espacio donde estamos cuando venimos a la tierra- (el hacerse adulto es algo muy subjetivo y de un significado muy extenso y chaquetero), he ido cogiendo el gusto a las cosas aburridas. Ahora incluso algunos de esos estampados en la pared me parecen salvajes, son claramente paredes de yonkie.

Si echamos un vistazo a la película Trainspotting, los círculos, rombos y trenes multicolores en aquellas destartaladas paredes, son una clara declaración de derechos. Ya sea el derecho de colocarte cuando y como te de la real gana o el simple hecho de poder sentirte como en casa mirando cualquier aburrida pared.


TAGS: Cine - Moda - Filosofía


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